TEXTO DE LA HISTORIA
En las sombras de la ciudad, donde los secretos
se susurran en los rincones más oscuros, vivía un brujo camuflado entre los
suburbios y sutiles vecinos. Su poder no residía en los grimorios antiguos ni
en los rituales bajo la luna llena, sino en algo mucho más íntimo y perverso:
los zapatos.
Si bien parecía ser la típica vivienda de una
persona normal la realidad es que su casa albergaba un secreto que erizaría la
piel de cualquiera que lo descubriera. En la recamara principal había una
colección de más de cien pares de tacones, cada uno perteneciente a una mujer
diferente. Algunos eran elegantes y sutiles, otros atrevidos y provocativos.
Pero todos compartían un mismo destino: ser portales para las transformaciones
del brujo.
"Los zapatos son el alma de una
mujer", solía susurrar mientras pasaba sus dedos por el cuero de un nuevo
par adquirido. "Y yo colecciono almas".
El ritual era siempre el mismo. El Maestro
seleccionaba un par de tacones de su colección, se descalzaba y, con una gota
de su propia sangre dibujaba un símbolo arcano en la suela de cada zapato. Al
ponérselos, sentía cómo su cuerpo se distorsionaba, cómo sus huesos crujían y
se reconfiguraban, cómo su piel se suavizaba y su voz se transformaba en un
susurro seductor.
En cuestión de minutos, ya no era el brujo de
cabellos plateados y ojos penetrantes. Se convertía en una mujer joven, sexy y
deseosa de vivir la noche. Sus transformaciones favoritas eran las de las
mujeres más audaces: la abogada ambiciosa que seducía a sus clientes en
reuniones privadas, la estudiante universitaria que exploraba su sexualidad en
fiestas clandestinas, o la ejecutiva poderosa que dominaba las salas de juntas
con su carisma y su belleza.
Una noche, decidió convertirse en
"Valeria", una rubia explosiva a quien había "adquirido"
sus zapatos rojos de Louis Vuitton después de seguirla durante semanas. Con sus
piernas largas y vestido ajustado, se dirigió al centro comercial más exclusivo
de la ciudad, sintiendo cómo las miradas se clavaban en ella.
En una boutique de lencería, se
encontró con un guardia de seguridad que no pudo resistir su encanto. Lo invitó
al probador, donde lo sometió a un juego de poder y sumisión que lo dejó
temblando y confundido. Para Valeria, era solo otra noche de diversión, otra
forma de explorar los límites de su poder transformador.
Pero su verdadera obsesión eran las discotecas.
Bailando bajo las luces estroboscópicas, sentía cómo el sudor y la música
electrónica se mezclaban con su esencia recién adquirida. Allí probaba todos
los placeres prohibidos, desde drogas sintéticas hasta encuentros anónimos en
los baños oscuros, experimentando cada sensación como si fuera la última.
"Ser mujer es sentirse deseada, es tener
el poder de hacer que otros se rindan a tus pies", pensaba mientras
observaba su reflejo en el espejo del baño de una discoteca, donde acababa de
rechazar a un hombre que se arrodilló ante ella.
Su transformación más perversa ocurrió cuando
se convirtió en "Sofía", una joven de apenas dieciocho años cuyos
zapatos había obtenido tras seducirla en un café. Como Sofía, regresó a su
escuela secundaria y se infiltró en una fiesta de graduación. Allí, jugó con
las emociones de los chicos que habían ignorado a la verdadera Sofía,
haciéndolos pelear por su atención y luego abandonándolos uno por uno, riéndose
mientras sus corazones se destrozaban.
Pero el poder del brujo tenía un precio. Cada
transformación lo dejaba más vacío, más sediento de nuevas experiencias. Su
colección de tacones crecía día tras día, y con ella, su insaciable apetito por
vivir a través de otras mujeres.
Una madrugada, mientras regresaba de una fiesta
como "Isabella", una modelo cuyos zapatos de plataforma había robado
de su camerino, se detuvo frente a un escaparate. Allí, reflejada en el
cristal, no vio a Isabella, sino a todas las mujeres que había sido: una
multitud de rostros sonrientes y ojos vacíos que lo observaban con reproche.
Por un momento, sintió miedo. ¿Era él el brujo
que se transformaba en mujeres, o era simplemente una colección de almas
femeninas atrapadas en el cuerpo de un hombre?
La duda lo consumió solo por un instante. Al
día siguiente, una nueva caja llegó a su mansión. Dentro, un par de tacones
plateados que pertenecían a una celebridad local. El Maestro sonrió, sabiendo
que esa noche tendría una nueva identidad, una nueva vida que vivir, y nuevos
secretos que descubrir.
"La noche es joven", susurró mientras
desempaquetaba su nuevo tesoro. "Y yo tengo muchas mujeres por ser".


Que bien que sigues activa en septiembre espero que sigas en de aquí a diciembre
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