La risa era el combustible de la noche en el
cuarto de María Fernanda. El resplandor azul de la laptop dibujaba rostros
juveniles en la penumbra, un círculo de pijamas, pelo desordenado y el olor
dulzón de los snacks. Omegle era su campo de juego, un safari digital donde se
burlaban de lo extraño y lo patético.
"Otro", ordenó Sofía, la intrépida,
haciendo clic en "Next". La pantalla fue un torbellino de rostros
anónimos: un abuelo aburrido, un grupo de chicos borrachos, una habitación
vacía. Y luego, se detuvo.
La imagen que les devolvió la mirada era
diferente. Una mujer sentada en lo que parecía una biblioteca abandonada,
iluminada solo por velas que proyectaban sombras danzantes. Su vestido negro se
ceñía a una figura esquelética, y su cabello plateado caía sobre hombros
fantasmales. Pero eran sus ojos los que las atraparon: dos pozos de tinta que
parecían absorber la luz del cuarto.
"Cinco mariposas nocturnas volando hacia
la llama", dijo la mujer con una voz que era un susurro sedoso y grave.
"¿Buscan algo más que un pasatiempo?“
Las chicas se miraron, la diversión un poco
atenuada por la intensidad de la desconocida. "Solo matamos el
tiempo", replicó Valentina, intentando sonar despreocupada.
La mujer sonrió, una comisura curva que no
transmitía calor alguno. Sus ojos se posaron en María Fernanda. "Tú no. Tú
buscas algo más. Siento una sed en ti. Un anhelo de poder que aún no
comprendes."
María Fernanda se sonrojó, sintiendo una
extraña mezcla de incomodidad y fascinación. "No sé de qué hablas".
"Claro que sí", insistió la voz,
ahora más íntima, como si susurrara directamente en su oído. "Quieres ser
más que la chica buena. Quieres que te teman un poco, que te deseen mucho. Hay
una oscuridad en ti, pidiendo a gritos ser encendida."
El cuarto se había quedado en silencio. La
atmósfera había cambiado de juguetona a pesada, eléctrica.
"Venga, ¿qué eres, una adivina de
feria?" se burló Daniela para romper el hechizo.
"Soy algo más", respondió la mujer,
ignorando la interrupción. Sus ojos negros nunca se apartaron de María
Fernanda. "Y puedo enseñarte a encender esa oscuridad. Pero necesito tu
permiso. Un simple gesto. Cierra los ojos por un segundo y concéntrate en mi
voz. Solo para que te muestre una visión de lo que podrías ser.“
Las otras chicas se rieron, animándola.
"¡Hazlo, María! A ver qué te saca!"
Presionada por el grupo y extrañamente curiosa,
María Fernanda cerró los ojos. La voz de la mujer la envolvió, cálida y
hipnótica. "Siente cómo el calor se acumula en tu vientre... un poder
latente... una energía que solo espera ser liberada..."
María Fernanda sintió una oleada de calor que
la recorrió de pies a cabeza, un cosquilleo intenso en su entrepierna que la
hizo moverse incómoda en su silla. Fue... excitante. Aterrador y excitante a la
vez.
"Ahora", susurró la voz.
"Ábrelos."
María Fernanda abrió los ojos. La imagen en la
pantalla parpadeó violentamente. Por una fracción de segundo, el rostro de la
mujer se distorsionó en una mueca de éxtasis cruel, y sus ojos negros
parecieron arder. Luego, la pantalla se volvió negra.
La conexión se había cortado.
"Uf, qué rarita", dijo Valentina,
rompiendo el silencio denso. "Tenía internet de mierda o algo".
"Sí, me dio cosa", añadió Daniela,
estremeciéndose. "Esa tipo estaba chiflada".
"Yo también", admitió Sofía, aunque
su mirada se posó por un instante en María Fernanda, que parecía ausente, con
el rostro ligeramente sonrojado y la respiración agitada. "¿Estás bien,
María?"
"Sí, sí", respondió ella, aclarándose
la garganta. "Solo... me puse un poco nerviosa. De acuerdo, basta de
Omegle por hoy. Necesito una pausa".
Las otras suspiraron aliviadas. "De
acuerdo, vamos por algo de beber", propuso Sofía, y todas se levantaron,
dejando la laptop sobre la cama.
"Yo voy al baño primero", dijo María
Fernanda, sintiendo una necesidad repentina de estar a solas. Su corazón latía
con fuerza en su pecho y una humedad cálida se había acumulado en sus calzones.
Caminó hacia el baño del pasillo, cerrando la
puerta a sus espaldas. El silencio fue un alivio. Se acercó al lavamanos y
abrió el grifo, salpicando agua fría en su rostro. Levantó la vista hacia el
espejo para secarse, y su sangre se heló.
No era su reflejo.
Mirando desde el otro lado del cristal estaba
la mujer de Omegle. Pero ya no sonreía. Su rostro era una máscara de
concentración feroz, sus ojos negros ardiendo con una inteligencia antigua y
hambrienta. Sus labios se movieron, pero no se escuchó ningún sonido. María
Fernanda, sin embargo, escuchó la voz perfectamente en su mente, clara como el
cristal: Ahora.
El puro terror la paralizó. Quiso gritar,
moverse, romper el espejo, pero su cuerpo no le obedecía. Estaba atrapada, una
prisionera en su propia carne. Vio, impotente, cómo el reflejo en el espejo
levantaba una mano y la posaba sobre la superficie fría del vidrio.
Al mismo tiempo, sintió una presión helada en
su propio estómago, como si una mano fantasma la atravesara. Una oleada de frío
intenso se extendió desde su centro, congelándola por dentro mientras una
conciencia extraña, vasta y terrible, se derramaba en ella como tinta en agua.
Sintió sus propios recuerdos, sus miedos, sus alegrías, siendo empujados,
archivados, aplastados bajo el peso de siglos de conocimiento oscuro y una sed
de poder que era casi sexual en su intensidad.
Su cuerpo tembló violentamente, no con frío,
sino con un orgasmo de pánico y éxtasis. Sus rodillas flaquearon y se apoyó en
el lavamanos, jadeando.
Cuando finalmente logró enfocar la vista de
nuevo en el espejo, el reflejo era el suyo. El de María Fernanda de 17 años,
pelinegra, con el rostro pálido y los ojos muy abiertos por el susto.
Pero ya no estaba asustada.
Una calma glacial se había apoderado de ella.
Se miró las manos, las flexionó, como si fueran un par de guantes nuevos que
acababa de estrenar. Una sonrisa curva, idéntica a la de la mujer, se dibujó en
sus labios.
La transferencia estaba completa.
"María" salió del baño. Las amigas
estaban en la cocina, riendo de nuevo, el momento de miedo ya olvidado.
"¿Te encuentras mejor?" le preguntó
Sofía, entregándole un refresco.
"Mucho mejor", respondió ella, su voz
suave y tranquila. Tomó el vaso y sus ojos recorrieron el rostro de su amiga,
no con cariño, sino con la evaluación fría de un depredador. "De hecho...
nunca me había sentido mejor". Y mientras tomaba un sorbo, ya planeaba su
siguiente movimiento. El juego, el verdadero juego, acababa de comenzar.


Muy buena historia ojalá que sigas activa para las fechas de halloween y navidad será interesante ver historias de este género de halloween y navidad
ResponderBorrarHaré todo lo posible. Igual las veces anteriores fue por problemas laborales, espero que no vuelva a suceder y siga inspirada
ResponderBorrarNo es por ser mala onda o presionar pero sabes más o menos el orden de peticiones y que días las subirás para darme una idea de cuando estará la mía:/
BorrarEs que ocupo leer esa historia
Si gustas escribeme al instagram y podemos hablar mas detalladamente @vanesa_piquer07
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