TEXTO DE LA HISTORIA
El ritual se había gestado en la mente de Hans
durante meses, no como una fantasía pasajera, sino como una ecuación perversa
que necesitaba resolverse. Nancy, su suegra, no era solo una mujer atractiva;
era el catalizador perfecto, la pieza que faltaba en su rompecabezas de
transgresión. Una noche, mientras ella mezclaba un cóctel, Hans se acercó, su
voz un murmullo bajo y conspirador.
—Nancy... he encontrado algo. Un camino. Una
puerta.
Ella lo miró por encima de su vaso, sus ojos
azules penetrantes. —¿Una puerta a qué, Hans? A otra de tus tonterías de
internet.
—A ti —dijo él, sin rodeos—. Quiero ser tú. Por
un tiempo. Solo para sentirlo.
El silencio que siguió fue denso. Nancy no se
rio ni lo insultó. Puso el vaso con una lentitud calculada y se recostó contra
la encimera, un gesto que Hans había anhelado imitar.
—¿Y por qué querría yo eso, muchacho? ¿Qué
ganas tú a cambio?
—La misma emoción —replicó Hans, acercándose
más—. El poder. Saber que estamos dentro de un secreto que nadie más puede ni
imaginar. Imagina la perspectiva, Nancy. Ser el observador definitivo.
Una sonrisa lenta, casi depredadora, se dibujó
en los labios de ella. —El observador definitivo... Me gusta cómo suena. Pero,
¿qué hay de mi hija? De Katty. No quiero que la hagas daño.
—No se trata de hacerle daño —susurró Hans, su
aliento caliente cerca de su oreja—. Se trata de guiarla. Desde tu nuevo punto
de vista, podrías... aconsejarla. Empujarla suavemente en la dirección
correcta.
La complicidad se selló esa noche con el
ritual. Cuando el vértigo cesó, Hans abrió los ojos y vio el mundo desde una
altura ligeramente inferior. Vio sus manos, ahora adornadas con anillos que él
había comprado para Katty años atrás. Se acarició el pelo, sintiendo su
suavidad.
Desde la puerta del dormitorio, Nancy, en el
cuerpo de Hans, lo observaba. Se rascó la barba incipiente, un gesto torpe y
extraño en ella.
—Es... extraño —dijo con la voz ronca de Hans—.
Todo se siente más burdo. Más simple.
—Y yo me siento... infinita —respondió Hans,
girando lentamente en el vestido de seda de Nancy—. Cada movimiento es una
promesa. Ahora, la segunda parte. La obra de arte.
Al día siguiente, "Nancy" encontró a
Katty en la cocina, actuando con una naturalidad que helaba la sangre de Hans,
quien escuchaba desde el salón.
—Cariño, necesitamos hablar —comenzó Nancy, con
la voz de Hans pero adoptando un tono confidencial—. Sobre tu relación con...
bueno, conmigo. Con Hans.
Katty suspiró. —Mamá, por favor. No vamos a
tener otra de esas charlas.
—No, esta es diferente —insistió ella,
acercándose y bajando la voz—. Ha estado muy sumiso. Demasiado bueno. Los
hombres como él, como nosotros, necesitamos un desafío. Necesitamos que nos
tomen el control. Quiero que esta noche lo sorprendas. Quiero que lo domines.
Hazlo aquí, en el sofá. Que sienta que puede perder el control en cualquier
momento.
La idea era tan oscura, tan prohibida, que
Katty sintió un escalofrío. Pero la voz de su "madre" tenía una
autoridad extraña, una lógica perversa que no podía ignorar.
Esa noche, Hans, en el cuerpo de Nancy, se
ocultó en el armario del pasillo, la puerta entreabierta. No estaba solo para
mirar; estaba para dirigir. Sacó su teléfono y envió un mensaje a
"Nancy".
Ahora. Tócale la mano. Haz que sienta que la
necesitas.
Desde el salón, vio a su antiguo cuerpo
reaccionar al vibrar del teléfono en el bolsillo. Vio cómo tomaba la mano de
Katty, tal como había indicado.
Dile que está hermosa. Pero con tu voz, no con
la mía. Haz que te crea.
Nancy, en el cuerpo de Hans, se aclaró la
garganta y habló, su tono más suave, más vulnerable. —Katty... estás increíble
esta noche.
Katty sonrió, insegura, y se dejó llevar. Hans,
desde la oscuridad, sentía el poder correr por sus venas. Con las manos de
Nancy, se deslizó bajo su propia falda, sus dedos encontrando el calor húmedo
que esperaba. Escuchaba cada beso, cada jadeo, como si fuera la banda sonora de
su triunfo.
Ahora, bésala en el cuello. Ella siempre se
derretía con eso, escribió.
Vio cómo su antiguo cuerpo obedecía, cómo Katty
arqueaba la espalda con un gemido ahogado. Hans se tocó con más fuerza, sus
dedos moviéndose en el mismo ritmo que los cuerpos que observaba. La oscuridad
del armario era su escenario personal, y la escena de luz tenue del salón, su
obra de arte.
Acuéstate en el sofá. Deja que ella monte el
espectáculo.
Nancy, en el cuerpo de Hans, se recostó, y
Katty, liberada de su inhibición por el "consejo" de su madre y la
sumisión de su novio, lo hizo. Hans observaba, con los ojos muy abiertos,
mientras su novia se movía sobre su propio cuerpo. El placer era casi
insoportable, una mezcla de envidia, orgullo y una perversión absoluta. Se
tocaba hasta que el temblor lo recorrió, un orgasmo silencioso y secreto que se
perdió en los jadeos de los amantes en el salón.
En el teléfono, escribió un último mensaje a su
cómplice.
Bien hecho. Ahora eres un hombre de verdad.
La respuesta de Nancy llegó casi de inmediato,
desde el sofá, mientras Katty descansaba sobre su pecho.
Y tú... eres la mujer más perversa que he
conocido
Al amanecer, Hans, aún en el cuerpo de Nancy,
se acercó a su antiguo yo en la cocina. Con una sonrisa pícara, le susurró al
oído: —Ayer fuiste un buen chico. Hoy toca ser una mala chica. Ve y consíguenos
a esa amiga de Katty. Dile que necesitas ayuda con un "problema de
mujer". La intrigue.
Y mientras Hans veía como Nancy se iba a buscar
a la amiga de Katty se sirvió un café mientras se acomodaba sus enormes tetas
feliz de lo que había conseguido. Ahora él era toda una MILF y tenía a Nancy
como su mascota la cual hacía todo lo que el quería.
—Ahora que este magnifico cuerpo es mío es
momento de aprovecharlo al máximo jajajaja —


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