La clínica “Renacimiento" era un lugar de blancura aséptica y silencio absoluto, un santuario donde las leyes de la naturaleza se vendían al mejor postor. En el salón de espera, sentada con una postura rígida, estaba la Sra. Elara Vance. A sus 72 años, su vida había sido una serie de pérdidas: un esposo joven, un patrimonio inagotable en una vida, hijos distantes pero una nieta que representaba todo lo que ella había soñado tener y nunca pudo.
Su nieta, Maya, una rubia de 28 años con una
belleza que pareciera robada a las diosas griegas, entró por la puerta. Llevaba
ropa deportiva, riendo con su teléfono. La abuela la miró con una codicia que
hervía en sus venas. Era hambre de piel joven, de curvas, de la libertad que la
juventud otorga.
"¿Lista, Maya?" preguntó Elara, su
voz suave pero cargada de una intención siniestra.
Maya asintió, confundida por la repentina
insistencia de su abuela. "Sí, abuela. ¿Segura que quieres hacer esto?”
"Todo es irreversible cuando se hace por
dinero," respondió Elara, y le entregó un sobre grueso. "Eso es por
tus servicios, querida”. Maya pensaba que estaban haciendo una prueba
experimental para un procedimiento de belleza para rejuvenecer el cuerpo y
anular todo tipo de arrugas e imperfecciones, y que su abuela al ser una de las
inversionistas de esta clínica la había contratado para hacer parte de las
pruebas finales. Nunca sospecho que todo había sido una gran mentira de Elara.
Maya firmó los documentos sin leer demasiado,
distraída por la promesa de dinero fácil. Fue conducida a una la cámara, una
esfera de luz brillante y ruidos mecánicos.
"Recuerda," susurró Elara, siguiendo
a su nieta. “Vamos a renacer, esto cambiara todo para siempre”
La máquina zumbó. Una luz cegadora envolvió a
la habitación. En un instante, las almas se deslizaron. La conciencia de Elara
Vance, fría y calculadora, se precipitó dentro del cuerpo joven y perfecto de
Maya. La conciencia de Maya, dulce y despreocupada, fue empujada hacia el
cuerpo viejo y frágil de su abuela, que ahora yacía en la cama de la clínica,
confundida y aterrorizada.
La nueva "Maya" abrió los ojos. Se
miró las manos, la piel suave, los ojos azules brillantes. Una sonrisa de pura
malicia curvó sus labios. Se sentó en la cama de la clínica, donde el viejo
cuerpo de Elara, ahora poseído por la nieta perdida, miraba aterrorizado.
"¡Abuela?" susurró el viejo cuerpo de
Elara, con la voz temblorosa de una anciana. "¿Qué me has hecho?"
La nueva Elara se rió, una risa que sonaba en
la boca joven y perfecta de Maya. “Te puse en tu lugar, abuela jajajaja. Tú
eres la que ahora pertenece a este mundo viejo y débil. Y yo... yo soy la joven
que siempre debiste ser.“
Salieron de la cámara. El cuerpo de Elara,
envejecido y frágil, comenzó a llorar, sus manos temblorosas intentando
agarrarse al que había sido su cuerpo, quien se alejó con una sonrisa de
desprecio.
"Por favor," lloró el viejo cuerpo,
su voz quebrada. "Déjame entrar en mi cuerpo. ¡Soy yo! ¡Soy Maya!"
"Ya no eres nada," respondió la
Elara, ajustándose el cabello rubio que ahora era suyo. "Soy Maya. Y tú...
eres mi abuela. Una vieja y fea relicario."
El cuerpo de la abuela cayó de rodillas,
devastado, mientras la nueva Elara se dirigía a un pasillo donde un enfermero
pasaba. Era un hombre joven, guapo, con una sonrisa amable.
"Hola, ¿todo bien?" preguntó el
enfermero, confundido al ver a la joven "Maya" acercarse.
Elara sonrió, una sonrisa que era una promesa
de pecado. "Todo perfecto. Me siento... muy bien. Muy sola. Y necesito
compañía."
Antes de que el enfermero pudiera reaccionar,
la nueva Elara lo empujó contra la pared. Sus manos, ahora en el cuerpo de su
nieta, se deslizaron por su pecho, y su boca se posó sobre la del joven con una
ferocidad que no había sentido en su vida.
"¿Qué estás haciendo?" tartamudeó el
enfermero, confundido por la intensidad de la joven.
"Esto es lo que hago," murmuró Elara
con la voz de su nieta, atrayéndolo más cerca. "Y esto es lo que voy a
hacer."
En la habitación de la clínica Maya incapaz de
moverse bien al no tener fuerzas después del procedimiento solo podía oír los
gemidos que salían de su antiguo cuerpo. Elara tomó al enfermero, lo llevó a
una silla, y se sentó sobre él, comenzando a besarlo apasionadamente.
"¿Te gusta mi cuerpo?" susurró Elara,
sus labios rozando el oído del enfermero. "¿Te gusta cómo se siente? Es
joven, es duro, es mío.“
El enfermero, atrapado en la lujuria de la
joven, se dejó llevar. Elara comenzó a masturbarlo frente a sus propios ojos,
con una crueldad calculada. Sabía que Maya en su antiguo cuerpo estaba atrapada
en la silla de la clínica, podía ver y oír cada segundo de esto.
"¡Mírame!" Elara, con una risa
triunfante. "¡Mira cómo tu cuerpo se convierte en una puta!”
Maya lloraba, sus ojos llenos de horror y
desesperación. No podía moverse, no podía hablar, solo podía observar cómo su
abuela en su cuerpo, se entregaba a la lujuria más absoluta.
La nueva Elara se detuvo, jadeando, y miró al
enfermero con una sonrisa de satisfacción. "Gracias," dijo,
limpiándose los labios. "Ahora vete de aquí.“
Elara volvió con su nieta y oprimió un botón
que estaba en la pared que le permitía comunicarse con el personal que estaba
en la otra habitación. “Traigan mi maleta, ahora mismo” les impuso.
El personal se demoro menos de sesenta segundos
en traerlo e irse nuevamente. Así Elara comenzó a desnudarse frente a su nieta
y volvió a vestirse pero con la ropa elegante, sexy y costosa que iba sacando
del maletín.
Maya estaba asombrada del aspecto de su cuerpo,
a tal punto que no se reconocía… Y también asombrada de lo bien que su abuela
había preparado todo que hasta tenía ropa a su medida lista para una vez que
tomara su cuerpo poderse arreglar a su gusto personal..
Pasaron los minutos y Maya ya estaba un poco
más calmada viendo como su abuela se terminaba de maquillar y peinar. Una vez
termino incluso llego a gustarle la manera en como se veía su verdadero cuerpo…
Pero recobro el sentido de las cosas y llamo la
atención de su abuela. “Y ahora que maldita puta, ¿Qué sigue? ¿Cuál es tu
maldito plan?” Le grito.
Y sin casi inmutarse y con una mano en sus
costillas de manera dominante Elara se giro hacia Maya para mirarla de manera
desafiante y manifestarle que ya se daría cuenta de todo.
En ese momento tocaron la puerta, Elara sabía
que era la siguiente etapa de su plan así que caminó hacia la puerta, donde un
notario había sido citado por la clínica. El notario, un hombre mayor y serio,
la esperaba con documentos.
“Es un placer ver que el procedimiento fue un
éxito" dijo el notario, extendiendo su mano.
Se sentó en la silla frente al notario, y con
una firmeza que era una mezcla de crueldad y poder, comenzó a firmar los
documentos. "Transfiero todos los bienes, propiedades y cuentas de su
vieja identidad, es decir, Elara Vance a mi nueva identidad”.
Firmaron los documentos, se pusieron los
sellos, se realizo todo el papeleo y tan solo unos minutos el notario salió,
dejando a la nueva Maya sola con su nueva identidad. Se miró al espejo del
pasillo. Su cabello rubio caía sobre sus hombros, su cuerpo encajaba la blusa
elegante de seda negra que llevaba, y sus piernas, en los pantalones de
leopardo ajustados que levantaban su culo y sus tacones altos de aguja negros
con suela roja, eran perfectas.
"¿Te gusta?" preguntó a su reflejo,
mientras el viejo cuerpo de su abuela, en la silla de la clínica, la miraba con
lágrimas en los ojos.
"¡No! ¡Eres tú!" gritó el viejo
cuerpo, pero nadie lo escuchaba.
La nueva Maya se rió, una risa que resonaba en
los pasillos de la clínica. "Sí, soy yo. Y ahora, voy a vivir mi vida.
Tú... tú te quedas aquí, en este cuerpo viejo. Y nunca más saldrás de
aquí."
Camino hacia la salida, pasando por el espejo,
y se vio a sí misma en el reflejo. Una joven rubia, sexy, poderosa. Y detrás,
el viejo cuerpo de su abuela, llorando, derrotado. "Adiós, abuela,"
susurró la nueva Mayo mientras salía de la clínica, dejando atrás a su antigua
vida y a su nueva identidad.
Elara se subió a su auto y conducía más rápido
de la usual embriagada con la excitación de haberlo conseguido al pie de la
letra. “Ahora es momento de reacomodar mi nueva vida a mi imagen y semejanza”
se decía así misma.
“Adiós a las amiguitas patéticas de Maya; ahora
solo orbitarán a mi alrededor, deseando ser yo. Cada noche será un festín. Me
acostaré con todos los hombres que ella jamás pudo tener: CEO's, artistas,
atletas... los sentiré dentro de mí, uno por uno, robando su poder y su dinero
jajaja. Pero de momento es hora de ir a su viejo apartamento y ver que puede
gustarme para remodelar mi mansión, es hora de una renovación digna de la diosa
que soy jejeje lo merezco todo, y más con esta increíble vida, toda mía.
Gracias nietecita por tu gran contenedor. Lo aprovechare al máximo”.



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