El sol del mediodía brillaba sobre la lujosa
mansión de Sabrina Carpenter mientras ella examinaba con avidez su última
adquisición. La lámpara de bronce, adornada con intrincadas piedras preciosas,
le había costado casi tres millones de dólares en una subasta de arte antiguo.
Pero para ella, no era más que una inversión más, un objeto que podría aumentar
su ya inmensa fortuna.
"¿Cuánto crees que valdrá cuando los
expertos descubran su verdadero origen?" le preguntó a su asistente, sin
apartar los ojos de la pieza.
Su asistente apenas pudo responder antes de que
Sabrina, impaciente, comenzara a frotar la lámpara con un paño de seda,
esperando que algún secreto se revelara y aumentara su valor.
Para su sorpresa, la lámpara comenzó a temblar.
Una humareda verde y espesa emergió de la lámpara, concentrándose hasta formar
una figura imponente. Dicha bruma fue tomando forma hasta convertirse en una
forma humanoide, era alto, con piel que parecía tallada en obsidiana y ojos que
brillaban como carbones encendidos.
"Has despertado al guardián de esta
lámpara, mortal," resonó su voz, profunda y antigua.
Los ojos de Sabrina brillaron con codicia.
"¡Perfecto! ¡Un genio real!
El genio de la lampara iba darle su gratitud y
preguntarle en que año se encontraban pero de una manera pedante y un tanto
grosera Sabrina lo interrumpió
deseo ser mucho mas rica jejeje. Quiero el
doble de lo que tengo ahora, no, ¡el triple!"
El genio la observó con desdén. "Tu
avaricia es repugnante. Ya posees más de lo que mil generaciones podrían soñar,
y aún así anhelas más. No mereces la fortuna que tienes."
"¡Oye! ¡Te pagué tres millones por esta
lámpara! ¡Tú me debes al menos tres deseos!" protestó Sabrina, indignada.
“No soy ese tipo de genios, no soy un esclavo
de la lampara para cumplir los deseos impíos de quien la froten. Pero no te
preocupes si te daré algo, pero no será riqueza," dijo el genio con una
sonrisa malévola. "Te daré perspectiva.“
Con un chasquido de dedos, la habitación se
llenó de una luz cegadora. Sabrina sintió un tirón violento, como si su alma
estuviera siendo arrancada de su cuerpo. Cuando la luz se disipó, se encontró
de pie en un callejón oscuro y maloliente. Su ropa de diseñador había sido
reemplazada por harapos sucios y su cuerpo se sentía débil, frágil. Sus manos
estaban arrugadas y manchadas, su espalda encorvada. Corrió hacia un charco
cercano y vio el reflejo de un hombre anciano, con barba descuidada y ojos
vacíos. "¿Qué... qué me has hecho?" gritó con una voz ronca y ajena
sin entender absolutamente nada, pero Sabrina no se percataba que estaba sola,
él genio no estaba allí en ese momento…
Mientras tanto, en la mansión, el genio
observaba mientras el alma del viejo vagabundo despertaba en el cuerpo de
Sabrina. El hombre, que había pasado los últimos treinta años viviendo en las calles,
abrió los ojos lentamente, confundido por la suavidad de las sábanas de seda y
la opulencia que lo rodeaba. Se levantó tambaleando, confundido y totalmente
callado, y caminó hacia un espejo de cuerpo entero. La imagen que le devolvió
lo dejó sin aliento. El rostro de Sabrina Carpenter, perfectamente maquillado,
le sonreía. Al ver su reflejo quedo aun mas confundido pero casi que por un
reflejo natural sus manos exploraron el cuerpo curvilíneo, la piel suave, el
cabello sedoso.
"¿Estoy soñando?" susurró con la voz
melódica de Sabrina.
"Es muy real," intervino el genio,
apareciendo a su lado. "Ese cuerpo y esta vida ahora son tuyos. La
verdadera Sabrina Carpenter está experimentando cómo es vivir sin nada, como tú
has hecho durante décadas."
El viejo en el cuerpo de Sabrina comenzó a
reír, una risa que sonaba extraña y discordante en ese cuerpo tan perfecto.
"¡Increíble! ¡Después de toda mi miserable vida, finalmente tengo algo
bueno!"
"Disfrútalo," dijo el genio. "Pero
recuerda, cada día que pases en este cuerpo, ella pasará uno en el tuyo. Cada
lujuria que experimentes, ella sentirá el hambre. Cada placer, ella conocerá el
dolor."
El viejo no pareció preocupado. "No hay
problema," dijo mientras se acariciaba el pecho. "De hecho, creo que
empezaré a disfrutarlo ahora mismo.“
El genio sin mas preámbulo volvió a meterse a
su lampara al estar cansado por no realizar ningún tipo de magia en decenas de
años. Dejando totalmente solo al viejo en el cuerpo de Sabrina. Lo que no sabia
el genio es que este anciano no era un viejo cualquiera en realidad había
tenido una vida repleta de crímenes, robos, peleas, engaños, manipulaciones…
Mientras se acariciaba sus tetas viéndose al
espejo aquel hombre no podía dejar de sonreír y hablaba consigo mismo en su
cabeza –evitando que el genio lo escuchara- “Jejeje mi suerte ha cambiado,
ahora no tendré que vivir más en la basura, ¡esto es perfecto!”
Llamó a su asistente y le ordenó que trajera
champán del más caro. Mientras esperaba, se desnudó frente al espejo, admirando
cada centímetro de su nuevo cuerpo. "Sabía que esta chica era guapa, pero
no tenía idea de lo increíble que es por dentro," murmuró mientras sus
manos exploraban lugares que nunca antes había imaginado tocar.
En el callejón, la verdadera Sabrina se debatía
entre el asco y el pánico. Su nuevo cuerpo olía a orines y alcohol barato. El
hambre la consumía, un dolor agudo en su estómago que nunca había
experimentado. Un grupo de adolescentes pasó cerca y la empujaron, riéndose de
ella.
"Fuera de aquí, viejo asqueroso," le
gritó uno.
Sabrina intentó responder, pero solo salió un
gruñido ronco. Corrió tan rápido como sus piernas artríticas se lo permitieron,
buscando refugio en otro callejón más oscuro. Allí, se desplomó contra una
pared fría, llorando con la desesperación de alguien que lo había perdido todo.
Esa noche, el viejo organizó una fiesta
extravagante en la mansión. Mientras los invitados bebían y socializaban, él se
retiró a su dormitorio con tres admiradores elegidos cuidadosamente.
"¿Sabían que este cuerpo puede hacer cosas
increíbles?" preguntó con una sonrisa pícara mientras se desabotonaba la
blusa.
A la mañana siguiente, el viejo se despertó
rodeado de cuerpos dormidos. Se levantó y caminó desnudo hacia el balcón,
sintiendo el sol matutino en su nueva piel. Abrió su teléfono y revisó sus
redes sociales, que ahora estaban llenas de mensajes de admiradores y ofertas
de trabajo.
"¿Qué tal si subo algo un poco más...
atrevido hoy?" se preguntó en voz alta.
Pasó la siguiente hora tomando fotos íntimas en
poses cada vez más provocadoras, sabiendo exactamente cómo cada ángulo
afectaría a sus seguidores. Mientras subía la última foto, la más explícita de
todas, sonrió. "Disfruta de esto, mi viejo amigo," dijo dirigiéndose
al cielo. "Espero que tu nuevo cuerpo te esté tratando tan bien como el
tuyo me está tratando a mí."
En el refugio, Sabrina se despertó con el
cuerpo dolorido. Un guardia de seguridad la estaba despertando a patadas.
"Levántate, viejo. Este no es un hotel”
Mientras se incorporaba, sintió una punzada de
humillación que casi la ahoga. Miró sus manos arrugadas y temblorosas,
sintiendo el peso de sus treinta años perdidos en las calles. En ese momento,
su viejo teléfono vibró. Con dificultad, desbloqueó la pantalla y vio la
notificación.
Era una notificación del Instagram oficial de
Sabrina Carpenter; su viejo Instagram, había subido una nueva foto. En ella, su
antiguo cuerpo aparecía en una pose provocadora, con una sonrisa de pura
arrogancia en el rostro. El pie de foto decía: "Mañanas como esta hacen
que la vida valga la pena. ¿No están de acuerdo?"
Al verla fue imposible para Sabrina contener el
llanto. Las lágrimas corrían por el rostro arrugado mientras contemplaba la
foto. Su vida, su cuerpo, su identidad… Había perdido todo…
Seis meses después de la maldición, el mundo
había olvidado a Sabrina Carpenter. La actriz, la cantante, la empresaria, todo
se había desvanecido. En su lugar, una nueva reina emergía de las cenizas de su
antiguo yo. El viejo, ahora permanentemente anclado en el cuerpo de Sabrina,
había perfeccionado el arte de ser ella.
Esa noche, en la gala benéfica más exclusiva de
Hollywood, era la anfitriona. No era Sabrina Carpenter; era una diosa pagana
reinando en su nuevo templo de lujo y decadencia.
En un callejón a kilómetros de allí, bajo la
lluvia torrencial, el cuerpo que una vez perteneció a Sabrina se encogía de
frío. La verdadera Sabrina, atrapada en la carne marchita de un vagabundo,
miraba un teléfono robado. La pantalla, agrietada y cubierta de suciedad,
mostraba imágenes en vivo de la gala. Allí estaba su rostro, su cuerpo, su
vida, siendo disfrutados por otro. Sabrina no pudo evitar entrar en colera y
escribirle “ladrón”, “usurpador”, “embustero”, “conozco tu secreto”, entre
muchos comentarios más.
En ese instante la falsa Sabrina fue al baño y
mientras se retocaba su maquillaje se dispuso a revisar el live de Instagram y
en cientos de comentarios vio los comentarios desde su viejo perfil en el live
lo cual le sorprendió pero le dio risa a la vez. La falsa Sabrina guardó el
teléfono. Se acomodo un pequeño vibrador iPhone que traía en su vagina el cual
vinculado a su celular para jugar consigo misma con una app en su iPhone, se
retoco su lápiz labial, su cabello y volvió a la fiesta, lista para continuar
su reinado. Ni un segundo se preocupo de que Sabrina siguiera por allí. Al fin
y al cabo el juego había terminado, y ella había ganado.



Holaa, no pensé que la fueras a subir, pensé que ya no retomarias las peticiones.
ResponderBorrarMe encantó, aunque faltó que el verdadero cuerpo de Sabrina Carpenter se queda con un chico llamado Diego de 23 años el cual no pierde la oportunidad de hacer vulgaridades con su nuevo cuerpo y vida:(
Habrá forma de corregir eso?:(
BorrarAunque sea algo pagado
Es que quería ver mi nombre en la historia.
BorrarO hacer una segunda parte en dónde suceda esto
Por qué quería las imágenes de la página que te recomendé:(
BorrarEscribeme por Instagram y lo hablamos mejor. Aunque nunca he sido partidaria de cobrar por las historias. @vanesa_piquer07
BorrarTe mandé mensaje
BorrarDime subes peticiones de series
ResponderBorrarClaro
BorrarNo se si lo puedas hacer pero podrias crear una historia donde kim Kardashian y kris jebner intercambian cuerpos
ResponderBorrarExplorare la idea
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