Las noches eran lo peor para Mónica. A sus
cincuenta y tres años, el cuerpo que una vez fue un templo de fuerza y
disciplina se había convertido en una jaula de grasa y frustración. En la
oscuridad de su habitación, las medallas oxidadas en la pared parecían burlarse
de ella, recordándole la gloria perdida. Cada noche, antes de dormir, abría en
su tablet todas las redes sociales de Olesia Shevchuk.
Olesia era todo lo que Mónica había sido y más.
Joven, perfecta, con un cuerpo que parecía esculpido por los propios dioses.
Mónica la seguía en todas las redes sociales: Instagram, TikTok, X. Veía una y
otra vez cada imagen, cada video, cada entrevista. Veía cómo Olesia entrenaba,
criticaba como se vestía pensando como lo haría ella, cómo sonreía ante las
cámaras con esa seguridad que solo la juventud y el éxito pueden dar.
"Tu cuerpo es perfecto", susurraba
Mónica en la oscuridad, acariciando su vientre blando y gordo mientras
observaba una foto de Olesia en traje de baño. "Perfecto para ser una
atleta de alto nivel. Perfecto para todo lo que yo perdí."
La obsesión creció como un cáncer en su mente.
Comenzó a investigar sobre viajes astrales, sobre proyección de la conciencia.
Pasó noches enteras leyendo textos antiguos, practicando técnicas que la hacían
sentir ridícula al principio, pero que gradualmente comenzaron a dar
resultados. Las primeras veces solo logró una sensación de flotación, un
desprendimiento parcial que la dejó exhausta al regresar.
Pero Olesia seguía brillando en su pantalla,
cada día más exitosa, más perfecta. Y Mónica se sentía más vieja, más
frustrada.
La noche decisiva fue cuando Olesia ganó el
campeonato nacional. Mónica vio cómo la joven atleta levantaba el trofeo, cómo
sonreía, cómo los medios la aclamaban como "la promesa del deporte
nacional". Esa noche, Mónica no durmió. Se preparó con rituales que había
aprendido en textos prohibidos.
"Seré tú", murmuró mientras el humo
del incienso llenaba la habitación. "Y tú serás... nada."
El viaje astral fue diferente esa vez. Mónica
sintió cómo su conciencia se desprendía de su cuerpo con una fuerza que nunca
antes había experimentado. Vio su forma física tirada en la cama, gorda, vieja,
frustrada. Y luego voló, a través de la noche, siguiendo una conexión invisible
que la unía a Olesia.
Encontró a la joven atleta durmiendo
profundamente en su lujoso apartamento, exhausta por la celebración. Olesia
parecía un ángel descansando, su piel perfecta brillando bajo la luz de la luna
que entraba por la ventana.
Mónica flotó sobre ella, sintiendo el poder que
emanaba de ese cuerpo joven y fuerte. Con un movimiento decidido, se sumergió
en Olesia.
Por un momento, dos conciencias lucharon por el
control. Mónica sintió el pánico de Olesia, su confusión al sentir una
presencia extraña en su mente. Pero la experiencia de Mónica le dio la ventaja.
"¡Sal de mi cuerpo!", gritó Olesia en
la mente compartida.
"¡Este es mi cuerpo ahora!",
respondió Mónica, empujando la conciencia de Olesia hacia afuera.
Sintió cómo Olesia era expulsada, cómo su
conciencia flotaba confundida por la habitación mientras Mónica tomaba el
control total. Abrió los ojos y vio el techo del apartamento de Olesia.
Movió las manos y vio dedos largos y fuertes,
uñas perfectamente cuidadas. Se tocó la cara y sintió una piel suave y firme.
Se levantó de la cama y caminó hacia el espejo. Lo que vio la dejó sin aliento.
Olesia Shevchuk la miraba desde el reflejo, pero sus ojos brillaban con la
intensidad de Mónica. Sonrió, y esa sonrisa no era la tímida sonrisa de Olesia,
sino la sonrisa de alguien que ha conseguido lo que quería.
"Ahora", susurró con la voz de
Olesia, "a recuperar lo que me pertenece."
Los primeros días fueron de exploración.
Mónica, ahora en el cuerpo de Olesia, descubrió la fuerza que latía en esos
músculos jóvenes. Corrió por la mañana y sintió cómo los pulmones llenos de
aire la impulsaban hacia adelante, cómo las piernas respondían con una energía
que había olvidado hacía décadas.
Pero también descubrió algo más. Descubrió el
poder que este cuerpo tenía sobre los demás. En el gimnasio, los entrenadores
la miraban con una mezcla de admiración y deseo. Los patrocinadores se ofrecían
a ayudarla con una urgencia que nunca había conocido cuando era ella misma.
"¿Olesia, querida? ¿Necesitas algo
especial?", le preguntó uno de los patrocinadores, un hombre mayor;
casado, cuya mirada se demoraba en su pecho.
Mónica sonrió, sintiendo el poder que tenía
sobre él. "Sí", respondió acercándose. "Necesito que me muestres
hasta dónde estás dispuesto a llegar por tu nueva campeona. Necesito muchos mas
incentivos si quiero ganar"
Esa noche, en el lujoso apartamento que ahora
era suyo, Mónica exploró otra faceta de su nuevo poder. Se vistió con ropa que
la vieja Mónica nunca usó, mucho mas reveladora y erótica. Miró su reflejo, el
cuerpo perfecto de Olesia vestido con lencería negra, y sintió una excitación
que no era solo física.
"Ser toda una puta", había pensado
cuando planeaba todo. "No solo una atleta. Todo lo que ellos desean…
Comenzó a vivir una doble vida. Durante el día,
era Olesia Shevchuk, la atleta prometedora, entrenando más duro que nunca,
superando récords. Pero por las noches, exploraba los clubes exclusivos y los
mejores bares.
"Olesia" se convirtió en una leyenda.
No solo por sus habilidades atléticas, sino por sus escandalosas apariciones en
fiestas, por los rumores sobre sus encuentros con hombres y mujeres
influyentes.
La competición más importante del año se
acercaba. Mónica entrenó con una ferocidad que aterrorizaba a sus entrenadores.
No solo quería ganar; quería aniquilar a sus competidoras. Pero no todo era
perfecto. La noche antes de la competición, se preparó con su ritual habitual.
Pero esta vez fue diferente. Mientras su conciencia viajaba, sintió una
resistencia. Algo o alguien intentaba expulsarla del cuerpo
Mónica luchó, sintiendo cómo el control se le
escapaba
"¡Este es mi cuerpo!", gritó Mónica
al espejo, como si hablara con la conciencia residual de Olesia.
La respuesta vino en forma de imágenes: una
infancia simple, padres amorosos, el sueño simple de ser buena en su deporte.
Nada de la ambición desmedida que impulsaba a Mónica.
"Te estoy dando la gloria", respondió
Mónica al reflejo. "Algo que nunca hubieras alcanzado sola. "usando
toda su fuerza mental para mantener el control.
La lucha mental duró lo que pareció una
eternidad. Cuando Mónica recuperó el control total, estaba exhausta, pero
victoriosa. Miró sus manos, temblando ligeramente, y sintió cómo el cuerpo de
Olesia respondía a sus órdenes. "Mañana", susurró, "todos verán
la verdadera Olesia Shevchuk."


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