Luna llevaba semanas perfeccionando el arte del
viaje astral. Cada noche, tras encender velas blancas y quemar salvia, su
conciencia se desprendía lentamente de su cuerpo físico. Al principio, sus
viajes fueron breves y confusos, pero con el tiempo aprendió a navegar por los
planos sutiles con creciente habilidad.
Y una tarde más mientras su hermana no estaba
Luna decidió practicar una vez más. Se recostó en su cama, cerró los ojos y
concentró su respiración. Sintió la familiar vibración que recorría su cuerpo,
el hormigueo en sus extremidades, y finalmente, el desprendimiento completo.
Flotando sobre su propio cuerpo dormido, Luna
observaba la habitación desde una perspectiva completamente nueva. El polvo
danzaba en rayos de luz que antes no había notado, y los sonidos de la calle
parecían lejanos y etéreos. Era glorioso, liberador.
Fue entonces cuando una presencia fría y oscura
se acercaba rápidamente sin ser notoria para Luna. No tenía forma definida,
pero emanaba un aura oscura y malévola.
Cuando se percato Luna intentó retroceder, pero
la entidad ya había detectado su cuerda plateada, ese lazo luminoso que
conectaba su conciencia con su cuerpo físico. Con un movimiento rápido y
brutal, la criatura del bajo astral deslizó algo parecido a una garfa afilada a
través del cordón de plata.
Luna sintió un dolor agudo, como si su alma
misma hubiera sido desgarrada. El cordón se rompió con un sonido audible como
cristal rompiéndose, y vio horrorizada cómo la entidad oscura se deslizaba
hacia su cuerpo físico inerte.
"¡No!" gritó en el plano astral, pero
su voz no tenía sonido en el mundo físico.
Vio cómo el cuerpo de Luna se incorporaba
lentamente en la cama. Los ojos se abrieron, pero no eran los ojos de Luna.
Eran oscuros, profundos, y brillaban con una mirada predadora. El cuerpo se
estiró como si despertara de un largo sueño, pasando las manos por la piel con
una curiosidad nueva y posesiva.
Luna, atrapada ahora como espectadora
incorpórea, siguió a su cuerpo poseído mientras se levantaba y caminaba hacia
el espejo del armario. Lo que vio la heló hasta el núcleo de su ser flotante.
El ser que ahora habitaba su cuerpo examinaba
cada centímetro de la forma física con una expresión de aprobación lujuriosa.
Las manos recorrieron las curvas que Luna siempre había considerado demasiado
modestas, pero que ahora parecían expandirse bajo el toque de la entidad. Los
pechos parecían más llenos, la cintura más estrecha, las caderas más amplias.
Con un movimiento deliberado, la entidad se
dirigió al armario y sacó un sexy vestido. Escotado y liberador.
Luna flotante observaba impotente mientras el
ser en su cuerpo se admiraba en el espejo. La expresión era completamente
ajena: una mezcla de arrogancia, lujuria y poder que resultaba aterradora. Los
labios se curvaron en una sonrisa de promesas perversas mientras las manos
exploraban el nuevo territorio.
"Qué delicioso vehículo", susurró la
entidad con la voz de Luna, pero transformada en algo más ronco y seductor.
"Tantas sensaciones por explorar, tantos deseos por cumplir."
Luna intentó desesperadamente reconectar con su
cuerpo, gritando en silencio, luchando por volver, pero era inútil. El cordón
de plata roto parpadeaba débilmente antes de disolverse completamente.
Con una confianza que Luna nunca poseyó, la
entidad se acercó al tocador y aplicó un rouge rojo carmesí en los labios,
delineó los ojos con negro intenso. El reflejo en el espejo era el de una diosa
del sexo, una sacerdotisa del placer carnal.
Las manos del poseído se deslizaron hacia los
pechos, palpando con propiedad. Luego descendieron por el abdomen hasta el
entrepierna, donde los dedos comenzaron a moverse con un ritmo experto. Luna
tuvo que observar cómo su cuerpo era utilizado para el placer de otra entidad,
cómo los dedos se hundían en la humedad que empezaba a crecer.
Los ojos cerrados en éxtasis, la entidad
respiraba agitadamente mientras se masturbaba frente al espejo. Luna sentía una
especie de eco fantasmal de esas sensaciones, un recuerdo pálido de lo que
solía sentir.
Después de alcanzar un clímax violento que hizo
temblar el cuerpo, la entidad abrió los ojos y sonrió. Tomó el celular de Luna
y, con dedos que ahora conocían íntimamente cada tecla, comenzó a navegar por
los contactos.
"Ah, sí... Diego", murmuró al
encontrar un nombre. "Siempre te miraste con demasiado interés,
¿verdad?"
Luna observaba horrorizada mientras la entidad
enviaba un mensaje: "Necesito verte ahora. Estoy sola y muy
caliente."
La respuesta llegó casi inmediatamente. La
entidad leyó el mensaje y sonrió, mostrando unos dientes que parecían de
repente más afilados.
"Perfecto", susurró. "Tenemos
una noche de descubrimientos por delante, mi pequeña muñeca."
Luna flotaba en la esquina de la habitación,
prisionera en su propia casa mientras la entidad que robó su cuerpo se
preparaba para usarlo para placeres que ella nunca habría imaginado. El espejo
ahora reflejaba a una diosa del sexo lista para su primera conquista, mientras
la verdadera Luna podía solo observar, impotente y etérea, mientras su
identidad era borrada por algo oscuro y antiguo que ahora tenía planes muy
diferentes para su cuerpo.
El timbre resonó por toda la casa.
"Entré", susurró la entidad con la voz de Luna, pero más grave, más
cargada de promesas. "Hemos estado esperándote.“
Diego no necesitaba más invitación. Cerró la
puerta con un golpe y sus manos estaban inmediatamente en ella, explorando el
vestido de seda, la piel caliente debajo. Luna flotante sintió un eco fantasmal
de esos toques, un recuerdo lejano de cómo solía reaccionar, pero ahora solo
podía observar mientras su cuerpo respondía con una ferocidad que la
aterrorizaba.
La entidad llevó a Diego al dormitorio con una
confianza que desorientaba a ambos. Lo empujó sobre la cama y, con movimientos
fluidos, se despojó del vestido. El cuerpo que Luna siempre había considerado
demasiado delgado ahora parecía una escultura de diosa, cada músculo tensado
bajo una piel que brillaba bajo la luz de la luna.
"Te he querido durante mucho tiempo",
confesó Diego, su voz ronca de deseo.
La entidad sonrió, una expresión cruel y
divina. "No me quieres a mí", corrigió, deslizando una uña por el
pecho de Diego. "Quieres esto. Quieres esta carne.“
Luna intento concentrando toda su energía en un
punto de recepción en la nuca, el lugar donde solía sentir la conexión con su
cuerpo durante los viajes astrales. Por un momento, sintió un tirón, una
pequeña victoria, pero la entidad lo sintió también y se rio
Con una brutalidad que excitaba a Diego, la
entidad se montó sobre él, guiándolo dentro de sí con un movimiento experto.
Luna observaba horrorizada cómo su cuerpo era usado para un placer que ella
nunca había experimentado, cómo la espalda se arqueaba en éxtasis, cómo los
labios emitían sonidos que ella no reconocía como propios.
La entidad era insaciable. Cambiaron de
posición incontables veces, cada una más salvaje que la anterior. Diego estaba
completamente bajo su hechizo, dispuesto a cualquier cosa que ella pidiera.
Luna luchaba constantemente, intentando encontrar una grieta en la posesión, un
momento de debilidad, pero la entidad era demasiado fuerte
Finalmente, cuando ambos estaban exhaustos y
cubiertos de sudor, la entidad se acostó junto a Diego, acariciando su pecho
con posesividad. "Te vas a ir ahora", ordenó suavemente. "Y
volverás cuando te llame."
Diego, sin poder resistirse, se vistió y se
fue, mirando hacia atrás con una mezcla de adoración y miedo.
Cuando la puerta se cerró, la entidad se
levantó y se acercó al espejo, admirando el cuerpo marcado por el encuentro.
"Qué vehículo tan delicioso", susurró, tocando las marcas rojas en
los pechos. "Y qué receptivo."
A la mañana siguiente, la despertó el sol
filtrándose por las persianas. La entidad se estiró en la cama, sintiendo el
peso del cuerpo de Luna como si fuera un traje nuevo y emocionante. Se levantó
y caminó hacia la cocina, completamente desnuda, sin la timidez que Luna
siempre había sentido.
Mientras se preparaba un café, la entidad
exploraba los recuerdos de Luna, accediendo a información sobre su trabajo, sus
amigos, su rutina diaria. Una sonrisa cruel se dibujó en su rostro mientras
planeaba cómo usar su nueva identidad.
En el trabajo, la transformación fue evidente.
Luna, siempre tímida, ahora era el centro de atención. Su blusa escotada que
dejaba ver su abdomen y su falda era más corta de lo que Luna habría usado
jamás. Durante una reunión, pasó una uña por el brazo de su jefe, un hombre
casado, y vio cómo se sonrojaba. que siempre la había ignorado
"¿Podrías quedarte después, Luna?" le
pidió al final de la reunión, su voz tensa.
"Por supuesto", respondió la entidad
con una sonrisa prometedora. "Tengo mucho que mostrarte."
Luna flotante observaba todo esto con una
mezcla de horror y, para su vergüenza, un pálido eco de emoción. El cuerpo
respondía a estas situaciones con una excitación que ella no podía controlar, y
parte de ella, una parte que no quería reconocer, se sentía atraída por este
poder, esta libertad.
Esa noche, la entidad salió con las amigas de
Luna, quienes la miraban con una mezcla de admiración y preocupación. En un
bar, la entidad bailó con una ferocidad primitiva, atrayendo miradas de todos
lados. Luna observaba cómo su cuerpo se movía con una sensualidad que nunca
había poseído, cómo las manos de extraños se deslizaban por su cintura, cómo
los labios se encontraban en la oscuridad de la pista de baile.
"¿Estás bien, Luna?" le preguntó su
mejor amiga, preocupada. "No eres tú misma."
La entidad sonrió, una expresión que no llegó a
sus ojos. "Oh, pero sí lo soy, la misma de siempre", respondió.
Más tarde esa noche, mientras la entidad
llevaba a un hombre desconocido al baño del bar para un encuentro rápido, Luna
luchaba con todas sus fuerzas, intentando entrar de vuelta. Pero era inútil. La
entidad era demasiado fuerte para ella. Por lo que por más que intentaba no
lograba recuperar el control…
Luna solo pudo ver como el ser utilizaba sus
suaves y carnosos labios para darle a aquel
hombre una grandiose mamada y luego antes de ir a donde estaba su amiga
chuparse todo lo que le había quedado alrededor de la boca. Luego
de unas horas de diversión casi al amanecer, la entidad se despojó de la ropa y se acostó en la cama,
acariciando el cuerpo cansado pero satisfecho. "Mañana será otro
día", susurró al aire, sabiendo que Luna estaba escuchando. “
La entidad se despertó sintiendo cada fibra del
cuerpo de Luna como si fuera un instrumento recién afinado y listo para tocar
su sinfonía más depravada. Se levantó de la cama y caminó hacia el baño,
admirando en el espejo cómo la luz de la mañana resaltaba las curvas que ahora
le pertenecían. Mientras se duchaba, las manos no se limitaron a limpiar, sino
que exploraron con un propósito lujurioso cada pliegue y cada hueco,
memorizando las respuestas del cuerpo a cada estímulo. Los pechos se erguían
bajo el agua caliente, y los pezones se endurecían.
La entidad se rio, un sonido profundo en el
pequeño baño, mientras se imaginaba el rostro de Luna si pudiera verla ahora.
Después de secarse con una toalla que rozó la piel con suficiente delicadeza
para provocar escalofríos, la entidad abrió el armario de Luna y descartó la
ropa modesta y aburrida que encontró. En su lugar, eligió una minifalda negra
que apenas cubría sus nalgas y un top sin espalda que dejaba al descubierto la
piel lisa de su espalda. Sin ropa interior…
. Antes de salir, se acercó al espejo una
última vez, aplicando un lápiz labial rojo sangre con una precisión casi
quirúrgica. "Estás viva, muñeca", susurró al reflejo, sabiendo que
Luna estaba escuchando desde su prisión etérea



Ahora la entidad usará su cuerpo mejor de lo que ella alguna vez lo hizo.
ResponderBorrarQue crees que hará más adelante con el cuerpo de la chica?
BorrarHola oye te puedo sugerir una imagen para la historia que te sugerí del intercambio de la madre y el simbionte horita te la mando
ResponderBorrarSi, por favor y si puedes reenvíame aquí la historia
Borrar