Ana se movía como un fantasma por los pasillos
de su instituto como una presencia casi invisible que todos preferían ignorar.
Sus gafas de montura gruesa eran su escudo contra un mundo que la había
desechado por su personalidad insegura y poco sociable además de una piel
pálida, su pelo quemado y su cuerpo poco agraciado. Para Ana cada día era un
calvario por ser la ultima en la pirámide de la escuela, pero el verdadero
infierno siempre llegaba cuando aparecía Eliza.
Eliza era la archienemiga de Ana, pero era toda
una diosa con cabello oscuro y con ojos encantadores que parecían ver a través
de las almas, y un cuerpo de curvas generosas que llenaba cualquier prenda que
llevaba. Era la reina indiscutible del instituto, y su séquito de chicas
igualmente hermosas la seguía como perritos falderos.
"¿Vieron lo que trae hoy Ana?"
preguntó Eliza una tarde. Señalaba con un gesto despectivo la camiseta de Star
Wars que Ana llevaba puesta, "Debe pensar que la Fuerza la va a hacer
menos repulsiva."
Ana quería llorar, sintió el calor quemarle las
mejillas mientras apretaba sus libros contra el pecho, como si pudieran
salvarla. A pocos metros de distancia, Jake, el novio de Eliza y capitán del
equipo de futbol, frunció el ceño. Su expresión de fastidio era cada vez más
notorio últimamente, no le gustaba la manera como Eliza trataba a las personas,
y menos a la pobre Ana que no le había nunca hecho nada a nadie, y mucho menos
podía defenderse.
"Deberías dejarla en paz, Eliza,"
murmuró Jake, acercándose a su novia. "No es necesario."
Eliza giró sobre sí misma, su pelo formando una
cortina perfecta. "¿Qué pasa, mi amor? ¿Tienes pena por la bicho raro? ¿O
te gusta su look de nerd desesperada?“
Jake apartó la vista, sus músculos tensos. Ana
notó la desconexión entre ellos, una corriente de resentimiento que fluía bajo
la superficie de su relación perfecta. Esa noche, llorando sobre sus libros de
hechicería antigua, Ana encontró la solución: un viejo grimorio en el rincón
más polvoriento de la biblioteca local, con páginas amarillentas que prometían
"el intercambio de vasijas carnales".
Tardó un mes en reunir todo. Un mechón del
cabello de Eliza que recogió del suelo del baño después de su clase de
educación física. Una gota de su propia sangre extraída con una aguja
esterilizada. Hierbas secas. La noche de la luna llena, con el grimorio abierto
sobre su escritorio, Ana dibujó un círculo con sal negra, encendió velas de
cera y recitó las palabras en latín que parecían arañar el aire.
"Permutatio animarum, permutatio corporum,
quod meum est tuum fiat, quod tuum est meum fiat..."
El aire se espesó, las sombras danzaron en las
paredes como serpientes negras, y Ana sintió una fuerza arrolladora que la
desgarró átomo por átomo. Cuando despertó, el suelo estaba frío contra su
espalda y el mundo se sentía diferente. Y sentía frio. Estaba con una sexy
lencería aparentemente para darle una sorpresa a su novio.
Se levantó con torpeza, sintiendo un peso
inusual en su pecho y caderas. Sus manos, ahora delicadas y con uñas largas y
pulidas, se tocaron un rostro suave y con pómulos altos. El espejo le devolvió
el rostro de Eliza, perfecta e inconfundible. Una sonrisa ajena se dibujó en
sus labios mientras exploraba el cuerpo que había sido su torturador: pechos
llenos que pesaban en sus manos, caderas anchas que balanceaba con un nuevo
ritmo, piel que brillaba bajo la luz de la luna.
"¿Eliza, cariño, podrías bajar por favor,
ya llego la pizza”, La voz de Jake desde abajo la hizo saltar.
"¡Sí, ya bajo! Dame un momento"
respondió, sorprendida por la melodía dulce y seductora de su nueva voz.
Jake la esperaba en la cocina muerto del hambre
y con una rebanada en la mano al no poderla esperar más tiempo.
Ana sintió un pánico momentáneo antes de
recordar que debía actuar como Eliza. Jake no noto el cambio esa noche ya que
estaba mas ocupado con su comida
Durante las siguientes semanas, Ana aprendió a
ser Eliza. Usó vestidos cortos que antes habría despreciado, se maquilló
perfectamente y dominó el andar arrogante de su nueva identidad. Pero cuando
estaba a solas con Jake, dejaba caer la máscara.
"¿Por qué no le gustas a tus padres? ¿Qué
tienen contra ti o que esperan tu que hagas?" preguntó Ana una noche,
mientras acariciaba su nuevo pelo.
Jake suspiró. "Nunca he sido suficiente
para ellos. Quieren que sea como mi padre, no como yo deseo ser..."
"¿Y qué quieres tú?" preguntó Ana.
Jake se quedó callado por un momento. “Solo
quiero a alguien que me valore de verdad. Alguien como... como tú ahora."
El beso fue apasionado. Ana sintió el cuerpo de
Eliza responder con una intensidad que nunca había experimentado. Las manos de
Jake exploraban curvas que aún le parecían ajenas, despertando sensaciones que
la dejaron sin aliento.
"Desde hace unas semanas eres la mejor
novia del mundo, cambiaste totalmente para bien” le dijo Jake mientras besaba
su cuello, "eres diferente. Más... real. Te escucho hablar de libros, de
cosas que importan. Me encanta."
Ana sintió una mezcla de culpa y euforia.
"¿Y si no fuera yo la Eliza que siempre has conocido? Sino alguien
más…"
Jake la miró a los ojos. "Entonces te
amaría igual. Tu eres Eliza y no quiero que vuelvas a ser como la antigua
versión"
Mientras tanto, la verdadera Eliza, atrapada en
el cuerpo de Ana, trataba de adaptarse de alguna manera al cuerpo de Ana
mientras buscaba entender que le había sucedido a su vez una forma de
revertirlo y así poder recuperar su vida.
Pero un día Eliza no pudo más con la verdad,
con su nueva verdad y en un acto impulsivo corrió al instituto, desesperada.
"¡Soy Eliza! ¡Esta chica robó mi cuerpo!" gritó, señalando a Ana, que
ahora llevaba una blusa tipo corset que dejaba ver su abdomen plano haciéndola
verse muy perra.
Las risas fueron su respuesta. "Mira a la
nerd, ahora delirando," dijo una de las antiguas amigas de Eliza, ahora
seguidora de la nueva Eliza.
Eliza, en el cuerpo de Ana, intentó hablar con
Jake. "Soy yo, Eliza. Recuerda cuando fuimos al lago el verano pasado y te
dije que te amaba por primera vez."
Jake la miró con una mezcla de lástima y
fastidio. "Ana, necesitas ayuda psiquiátrica de manera urgente. Además,
Eliza y yo tenemos nuestros recuerdos privados. No inventes cosas para llamar
la atención."
La desesperación de Eliza creció con cada día.
Veía a Ana viviendo su vida, besando a Jake, disfrutando de la popularidad que
había sido suya. Empezó a hablar sola en los pasillos, a gritar, a escribir
frases incoherentes en los exámenes.
"¡Es un hechizo! ¡Un intercambio de
cuerpos!" gritó durante el almuerzo, levantándose de su mesa.
La directora la llamó a su oficina. "Ana,
estamos preocupados por ti. Tu comportamiento ha sido errático
últimamente."
"¡No soy Ana! ¡Soy Eliza! ¡Miren mi
diario! ¡Mis fotos!" lloriqueó, mostrando su teléfono con fotos del cuerpo
de Ana en lugares que Eliza recordaba vívidamente.
La directora suspiró. "Hemos hablado con
tus padres. Creemos que necesitas ayuda profesional."
El último intento de Eliza fue durante el baile
de graduación. Ana, ahora reina indiscutible del baile, estaba en el escenario
con Jake, sonriendo con la corona. Eliza, en el cuerpo de Ana, irrumpió en el
escenario.
"¡Es una impostora! ¡Soy yo!" gritó,
intentando arrebatarle el micrófono a Ana.
Los guardias de seguridad la retiraron mientras
los estudiantes reían y grababan con sus teléfonos. "Qué loca," susurró
alguien entre la multitud. Dos días después, los padres de Ana, preocupados por
su "comportamiento errático", la internaron en el centro psiquiátrico
Monte Vista.


Ya te envié mensaje por correo
ResponderBorrarNo me llego
BorrarGracias por hacer mi petición
ResponderBorrarEspero de corazón que haya cumplido con tus expectativas
BorrarQue buena historia!
ResponderBorrarGracias lindo
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