Para
Julián, un hombre cuya existencia se había construido sobre cimientos de
perversiones ocultas, el primer indicio de que algo andaba mal no fue el sonido
de una alarma, sino el peso del pelo en la almohada. Demasiado largo, demasiado
suave. Abrió los ojos y todo era diferente, más nítido, y el techo no era el de
su sótano acolchado, sino uno blanco y liso.
Se
incorporó de un salto, un movimiento torpe y descoordinado en un cuerpo que no sentía
como suyo. Sus pechos, dos pesos suaves y firmes que nunca antes había poseído,
se balancearon con el inercia del movimiento. Miró hacia abajo y vio piernas
largas y delgadas, la piel pálida y casi luminosa en la luz de la mañana. No
había rastro de su cuerpo calvo y barrigón, de las cicatrices de su juventud o
del tatuaje de un águila que se desvanecía en su antebrazo. Este era el cuerpo
de una diosa joven.
Se acercó
tambaleándose al espejo del armario, cada paso un ejercicio de reeducación
muscular. Y entonces la vio. La chica del espejo lo miraba con los ojos muy
abiertos, llenos de un terror que él sentía como propio. Pelo negro azabache y
caótico cayéndole sobre los hombros, ojos grandes y grises como una tormenta,
labios llenos y una pálida piel de porcelana. Tenía diecinueve años, quizás
veinte. Perfecta. Vulnerable. Una obra de arte lista para ser corrompida.
Un teléfono
en la mesita de noche vibró con insistencia, eran decenas de mensajes de
familiares y amigos. Todo era frenético, y todos giraban en torno a un mismo
tema: intercambios masivos de conciencia... pánico en las calles...". El
mundo se había roto. Pero Julián, él había encontrado su oportunidad.
"Mierda",
susurró, y la voz que salió fue dulce y melódico. La voz de una chica. Se rio,
un sonido agudo y casi histérico que se convirtió en una carcajada baja y
gutural, la risa de Julián saliendo de la garganta de esta belleza. "Oh,
mierda, sí".
Los siguientes
días fueron un borrón de aprendizaje y sumersión. Ignoró las llamadas de la
"mamá" y las de los amigos preocupados. Se encerró en el apartamento
de la chica. Pasó horas frente al espejo, no admirándose, sino estudiando.
Practicaba sus gestos: la forma en que se pasaba una mano nerviosa por el pelo,
la ligera inclinación de cabeza cuando escuchaba, la sonrisa tímida que usaba
para desarmar. Se probó toda su ropa. Descubrió los tatuajes sutiles. Vio sus
fotos con amigas riendo, sus publicaciones sobre canciones tristes, sus videos
cortos bailando en su cuarto. Aprendió su argot, sus inseguridades, sus
pequeños sueños. Se convirtió en un parásito perfecto, absorbiendo la memoria
digital de su anfitriona hasta que pudo imitarla con una precisión aterradora.
Una semana
después, el caos mundial se había asentado en una nueva normalidad distópica.
Gobiernos caían, nuevas religiones basadas en el "Gran Intercambio" surgían,
pero en las calles, la gente intentaba seguir adelante. Era el momento perfecto
para que "Sofia" reapareciera.
Esa noche,
salió por primera vez. Se vistió con la ropa más reveladora que encontró en el
armario de Sofia: un blue jean ajustado y una blusa en forma de body que dejaba
ver su abdomen que se adhería a sus nuevas curvas. Caminó por las calles llenas
de gente desorientada, sintiendo las miradas de hombres y mujeres sobre él. No
eran miradas de sospecha, sino de deseo. Y él, el maestro del deseo oculto,
ahora lo experimentaba como el objeto. Era una droga.
Se sentó en
un bar, pidiendo una bebida con una confianza que Sofia nunca habría tenido. Un
hombre se le acercó, le compró una copa y le susurró piropos al oído. Julián
sonrió, usando la sonrisa tímida y desarmante de Sofia, se le sentó mas cerca y
le puso su suave mano en su entrepierna para ganarse su confianza y todo su
interés. Era hora de iniciar el juego y él iba a ser su primera presa. El mundo
pensaba que una chica inocente llamada Sofia había sobrevivido al Gran
Intercambio. Pero la verdad era mucho más oscura. Un depredador había
encontrado el disfraz perfecto, y el caos mundial era su escenario privado para
un banquete que recién comenzaba.

Muy buena historia, con ese cuerpo nadie sospechara de ella.
ResponderBorrarTengo algunas ideas para una historia de múltiples partes, para saber si te interesa hacerla.
Claro, me interesa jejeje
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