Viernes, 5:30 PM
Isabella: Hola mi preciosa. ¿Lista para nuestra
noche?
Valentina: Siempre lo estoy, ¿no?
Isabella: Jaja, qué actitud tan rebelde hoy.
¿Te sientes valiente?
Valentina: Simplemente cansada. ¿Quién es el
cliente de esta noche?
Isabella: Un magnate japonés. Sr. Tanaka. Pagó
una fortuna por ti. He dejado el vestido de lentejuelas plateadas en tu
armario. Quiero que te veas como una diosa.
Valentina: Ese vestido es demasiado revelador.
Isabella: Exactamente como le gusta a él. Y
como te queda divinamente. No te preocupes, mi amor. Solo tienes que ponerte
bonita y dejar el resto a mí.
Valentina: Siempre dejo el resto a ti.
Isabella: Y por eso eres mi chica favorita.
Ponte los aretes a las 6 en punto. No te tardes.
Hacía ya casi un año desde que Isabella, una
astuta prostituta, había atrapado a Valentina en una trampa gracias a un
chantaje por unas fotos comprometedoras que le había tomado. Al principio, cada
viernes era una agonía de lágrimas y resistencia. Pero con los meses, el miedo
se había transformado en resignación, y luego en una rutina casi automática.
Valentina se acercó al espejo de su baño con
una calma que solo el tiempo y la repetición pueden otorgar. Ya no había pánico
en sus ojos, solo una aceptación sombría. Abrió su joyero y tomó unos viejos
aretes de oro.
Se los colocó sin titubear. No temblaba. No
lloraba. Simplemente respiró hondo, preparándose para la transición.
Desde su apartamento en el otro lado de la
ciudad, Isabella sonrió mientras su cuerpo yacía en un sillón de cuero
preparándose para la transición.
A las 6pm en punto, sintió la ola familiar de
energía recorrer su cuerpo. Sus párpados pesaron, su mente se nubló, y por un
instante, sintió cómo algo se desprendía de ella. Cuando abrió los ojos, ya no
estaba completamente en control. A través de los ojos de Valentina, podía ver
el lujoso baño, el espejo que reflejaba un rostro angelical que ahora era suyo
para usar.
"Vamos a trabajar, mi hermosa
muñeca," susurró Isabella, controlando los labios de Valentina. "Esta
noche tenemos una cita con un magnate japonés en su suite presidencial. He
preparado algo especial para ti."
Valentina -o más bien, Isabella en el cuerpo de
Valentina- se dirigió al armario donde encontró el vestido que Isabella había
seleccionado. Era una pieza espectacular que se ajustaba perfectamente a sus
curvas, con un escote audaz que realzaba su pecho generoso y una abertura
lateral que llegaba casi hasta la cadera. El vestido brillaba bajo la luz,
creando un efecto hipnótico con cada movimiento.
"Perfecto," susurró Isabella a través
de los labios de Valentina. "Con esto, ni siquiera necesitare hablar
mucho."
Durante la noche, Valentina flotaba en una
especie de estado de trance, consciente pero incapaz de controlar sus acciones.
Observaba cómo su cuerpo se movía con una sensualidad letal, sus senos se
movían con dulzura y sus pezones saludando a través del vestido era creaban un
espectáculo visual que hipnotizaba a su cliente. El magnate japonés parecía
fascinado, no solo por su belleza, sino por la forma en que el vestido
resaltaba cada centímetro de su piel.
Al amanecer, cuando el sol comenzaba a teñir el
cielo de naranja, Isabella regresó a su cuerpo, dejando a Valentina exhausta
pero ya acostumbrada a la sensación. Se despertó en su cama, con el vestido de
lentejuelas colgado cuidadosamente en la puerta y el recuerdo vago de una noche
que no había vivido pero cuyo dinero ahora llenaba la cuenta bancaria de
Isabella.
"Gracias por anoche, mi preciosa. El señor
Tanaka ya ha transferido el pago. Dijo que nunca había visto nada tan hermoso
como tú en ese vestido. Hasta el próximo viernes" le escribió Isabella a
Valentina en una nota junto a un vaso de jugo de naranja y unas vitaminas en su
mesa de noche.
Valentina ya no discutía, ya no negociaba.
Simplemente cumplía con su parte del acuerdo, protegiendo su reputación a costa
de su autonomía.
Miró su reflejo, sintiéndose ajena en su propia
piel pero extrañamente en paz con su situación. Los aretes de oro brillaban en
sus orejas, recordándole el pacto que la ataba a una vida doble que ahora era
parte de su identidad. Mientras el próximo fin de semana se acercaba, ya no se
preguntaba cuánto de sí misma quedaría cuando finalmente este contrato
terminara. En su lugar, se preguntaba qué puti vestido usaría la próxima vez
que Isabella tomara posesión de su cuerpo y quien sería el próximo cliente de
lujo que Isabella conseguiría para sacarle dinero y divertirse con él. En ese
momento recibió un mensaje de texto.
Sábado, 6:15 AM
Isabella: Estoy de vuelta en mi cuerpo. Qué
noche increíble. El señor Tanaka no paraba de hablar de lo hermosa que estabas.
Valentina: Me alegra que hayas ganado más
dinero a costa de mi cuerpo.
Isabella: No seas así, mi amor. También
protegemos tu preciosa reputación. ¿Te imaginas tus padres viendo esas fotos?
Valentina: No tienes que recordármelo.
Isabella: Lo sé. Solo asegurándome de que
recordemos por qué estamos en esto. Por cierto, el viernes por la noche tienes
una cita con un jeque árabe. Traeré otro vestido para ti. Algo más... exótico.
Valentina: Por supuesto que lo harás.
Isabella: Eres mi mejor inversión, Valentina.
Nunca olvides eso. Descansa hoy, mi amor. Cuida mi segunda piel jejeje, y no te
exijas mucho esta semana por que quiero que estes al 100% para usarte el
viernes
Valentina: Siempre lo soy. Y si, lo haré. Por
favor borra esas fotos…


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