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La Mucama

  

TEXTO DE LA HISTORIA

Ella llegó al almuerzo familiar con su mejor sonrisa forzada, el vestido negro ceñido, el cabello rubio ceniza perfectamente peinado, y ese brillo en los ojos que solo se ve cuando una mujer es dominante y segura de si misma. Tenia que dar una buena primera impresión.

Su suegra la esperaba en la sala principal junto con el resto de la familia de su novio, al fin y al cabo todos estaban emocionados por conocerla y una reunión familiar era el momento perfecto para hacerlo.

El almuerzo fue largo. Demasiado largo. Las risas forzadas, los comentarios sobre la suegra del año pasado, los reproches velados por el tono afable. Ella sonreía, asentía, bebía vino tinto mientras fingía interesarse por las estúpidas anécdotas de infancia que estaban mencionando.

Al terminar el almuerzo, la mucama —una mujer callada, de piel curtida, manos ásperas y ojos que nunca miraban directo a la cara de nadie— se acercó con una toalla y un pañuelo. “¿Necesita que le traiga más café, doña Clara?” preguntó, con esa voz suave que la caracterizaba.

Ella negó con la cabeza, pero la mucama no se retiró. Se quedó allí, quieto, como si esperara algo. Y entonces, con un movimiento tan sutil que nadie notó, la mucama extendió la mano y tomo un mechón de cabello que estaba en el hombro de la señora Clara…

La mucama recién había terminado su turno por lo que salió de la casa a realizar los preparativos. Un par de horas mas tarde la familia quería tomar un descanso y les indicaron a Clara y a su novio cual era el cuarto de huéspedes que les correspondía. Clara fue sola a refrescarse y relajarse un poco por que su novio se quedo hablando con su madre en el salón principal.

Clara se quedó sola en la cama de huéspedes, con los pies elevados, el celular en la mano, mirando su propia cara en la pantalla… y sonriendo. La posesión no fue violenta. Fue elegante. Fue una invasión silenciosa. La mucama con un hechizo de transferencia y un tomó el cuerpo de la señora. Comenzó a usar el celular como si fuera suyo. Reviso las publicaciones. Miro las fotos. Respondió mensajes. Comenzó a adaptarse a la vida de Clara.

A la mañana siguiente, "ella" no salió de la casa. En cambio, la mucama —ahora en el cuerpo de Clara— despertó temprano, se vistió con la ropa más elegante de la señora y descendió las escaleras con una confianza que nunca antes había mostrado. En la cocina, preparó el café como si lo hubiera hecho toda su vida, sirviéndolo a su suegra con una sonrisa que era a la vez cálida y helada.

Durante el desayuno, la mucama demostró un conocimiento íntimo de la rutina familiar que ni siquiera la verdadera Clara poseía que dejaron a todos boquiabiertos.

"Clara, nunca te había visto tan... decidida", comentó su novio durante el desayuno.

La mucama sonrió. "He estado pensando mucho en mi lugar en esta familia", dijo, mirando directamente a su novio.

Mientras tanto, la verdadera Clara —atrapada en el cuerpo de la mucama— despertó en la pequeña habitación del servicio, con el cuerpo dolorido y la mente confundida. Intentó salir, pero las puertas estaban cerradas desde fuera. Miró por la ventana y vio a su propio cuerpo sentado en la terraza, tomando té con su familia, riendo como si nada hubiera pasado.

Esa noche, durante la cena familiar, la mucama en el cuerpo de Clara hizo un brindis. "A nuestra familia", dijo, levantando su copa.

La verdadera Clara, mirando desde la ventana de su pequeña habitación, vio cómo su novio besaba con pasión a la mujer que ocupaba su lugar y cómo su suegra y toda la familia le sonreía con aprobación.

Y en ese momento, entendió el horror completo de su situación: no solo habían robado su cuerpo ocupando su lugar; la estaba borrando. Y lo más aterrador era que la familia parecía preferir esta nueva versión de Clara, más decidida, más segura, más... perfecta.

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