La vibra en la fiesta de la azotea estaba
increíble, buena música, una energía magnética y un ritmo que vibraba en el
pecho haciendo que todos la pasaran increíble y entre las cientos de personas
que estaban en la fiesta estaba Alex, un bodyhopper. Oculto en la cómoda piel
de un hombre joven y exitoso, un ejecutivo que lo tenía todo. Pero Alex no
sentía nada. Su mente era un crisol de insatisfacción, un narcisismo que solo
se saciaba con el control absoluto sobre otros cuerpos. Había pasado décadas
saltando de un cuerpo a otro una y otra vez, robando placeres efímeros y
dejando en cada persona un vacío de memoria.
Estaba en la barra, observando la multitud con
ojos analíticos alguna mujer para conquistar, pero todo cambio cuando vio una
joven de apariencia inmaculada, con una figura que parecía diseñada para
provocar. Llevaba un vestido de cuero negro, ajustado y corto, que ceñía sus
caderas y realzaba sus curvas, combinado con botas de cuero hasta el muslo que
hizo que a Alex se le parara la verga. Su cabello largo y oscuro caía como una
cascada sobre sus hombros, magnifica.
Alex sintió una oleada de deseo que le recorrió
la columna.
La siguió con la mirada mientras ella se
alejaba de la multitud, moviéndose con una gracia que era a la vez inocente y
provocadora. Se dirigía hacia los baños de la azotea, una zona más privada,
donde la luz de la ciudad se filtraba a través de grandes ventanales. Alex
esperó. Observó. Y cuando ella entró, Alex, con un movimiento fluido y
silencioso, se preparó.
Aprovechando el momento justo Alex salto del
cuerpo del hombre en dirección de la chica. El salto no fue doloroso, ni
siquiera alcanzo a percatarse la chica de lo rápido que había sido.
El cuerpo de la joven, ahora poseído por Alex,
se enderezó. Una sonrisa lenta, maliciosa y liberada se dibujó en sus labios.
Sus ojos, antes serenos, ahora brillaban con intensidad. "Finalmente mmmm,
una nueva piel que probar" susurró.
Se giró frente al espejo del baño, Alex se miró
detalladamente, recorriendo cada centímetro con admiración y detalle. "Qué
cuerpo tan increíble," murmuró, tocando su propio brazo, sintiendo su
suave piel. “Tan joven, tan llena de vida.“
Abrió la puerta del baño y salió. Se ajustó el
vestido de cuero, y caminó con una confianza que hacía que los hombres en la
fiesta se detuvieran a mirarla. Su mirada no era la de una chica que busca
compañía.
Salió al balcón, donde la ciudad brillaba como
un tapiz de luces. Se giró, dejando que su figura se recortara contra el cielo
nocturno, una silueta de poder y deseo. Se ajustó el bolso, se tocó el cabello,
y sonrió a su reflejo en el cristal.
"Esta es mi vida ahora," pensó, con
una euforia que le recorrió cada nervio. "Y voy a disfrutar cada segundo
de ella.“
Alex, el bodyhopper pervertido, se había
convertido en el centro de atención de la fiesta. Y estaba listo para celebrar
a lo grande, con una identidad que era mucho más puta y libre que varias de sus
anteriores identidades.
El peso del cuerpo era distinto, la
sensibilidad en su nueva piel estaba amplificada a un nivel adictivo: la tela
de cuero frío presionando contra sus muslos, la brisa de la noche acariciando
su escote y el roce de la ropa interior ajustada despertaron en su mente una
fijación inmediata. Caminó de vuelta hacia la barra y se inclinó ligeramente
sobre la mesa, acentuando el escote ante la mirada hipnotizada del
barman.—Sirve algo fuerte —murmuró con una voz grave, seductora y ajena a la
chica que solía ser ese cuerpo, rozando intencionalmente los dedos del camarero
al recibir la copa.
Con el primer sorbo quemándole la garganta,
Alex deslizó una mano por su propia cintura, bajando lentamente hacia el muslo
hasta tocar el borde del cuero donde empezaba la bota. La noche apenas
comenzaba, y Alex no tenía intención de contenerse. La verdadera amenaza no era
la belleza despampanante de la chica, sino la mente depravada en ella…
Alex, ahora habitando el cuerpo de la joven
percibió una mirada fija y ardiente desde una mesa cercana así que comenzó a
estimular su clítoris para que se deleitaran con ella. Alex quería divertirse
mucho y tenia sed de verga que debía saciar.

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